Continúo mi recorrido por la franquicia mutante de los años noventa con la serie en solitario de Lobezno. En este caso, me retrotraigo a los tiempos anteriores al X-Men #1 de Chris Claremont y Jim Lee (que utilizo como marca de inicio para este recorrido) para pillar desde el inicio la etapa de Larry Hama como guionista y de Marc Silvestri como dibujante.
Aclaro que, para escribir esta reseña, me he leído los cómics de Wolverine Vol. 2, nº 31-50, que abarcan los años 1990 hasta comienzos del año 1992.
Puntuación: 7/10
Empezando ya con este repaso y reseña de los primeros años del Lobezno de Larry Hama y Marc Silvestri, debo reconocer una cosa: su inicio con sus tres primeros números de la etapa me pareció absolutamente espléndido. No porque sean cómics increíblemente destacables ni especialmente originales. No, simplemente me parecieron tan divertidos y tan efectivos en su labor de entretener que realmente se me han hecho memorables.
Básicamente, Hama entrega una trilogía muy continuista con lo que era la serie de Lobezno hasta ese momento. Aventuras en Madripur, con Logan como principal enemigo de los grupos mafiosos locales (en este caso de un grupo de yakuzas, la mafia organizada japonesa). Y esta trilogía de episodios es básicamente eso: una historia totalmente ajena al resto de la franquicia mutante en la que vemos a un Lobezno brutal y salvaje contra unos cabrones que de verdad se merecen recibir garras de adamantium. Como os digo, nada especialmente reseñable, pero muy entretenido si conectas con este tipo de historias de Lobezno.
Y siendo consciente de que Larry Hama demuestra ser un muy buen guionista del personaje y que sabe caracterizarlo muy bien -al menos a mí me ha dado esa impresión- para mí, el total éxito de este cómic proviene de su dibujo. Y es que Marc Silvestri, pese a que no lo tuviera yo en mi radar, me ha demostrado ser un dibujante increíblemente apropiado para un personaje tan bruto y sucio como lo es Lobezno. De verdad, me ha sorprendido lo bien que le hace lucir incluso en ropas civiles (en este arco todavía no utiliza su icónico traje de Hombre-X), hasta el punto de que he sido capaz de ignorar su total incapacidad por dibujar pies -a lo Rob Liefeld- por lo bien que hace lucir todo lo demás.
La cosa con esta etapa es que va a más. De hecho, más que ir a más, lo que hace es mantenerse muy bien en cuanto a nivel promedio, al saber mantener sólido como una roca a su equipo creativo.
Lo que tenemos a continuación es un Larry Hama marcando lo que para mí es un muy buen precedente dentro de su etapa, al encadenar varias historias con temáticas muy diferentes pero manteniendo el protagonismo de Logan. Primero, con una historia ambientada en las montañas nevadas canadienses al más puro estilo de película de terror, en el que el protagonista se ve envuelto en la caza de un monstruo al estilo bigfoot. Una historieta que, si bien se desarrolla tan solo durante un número, me ha parecido bastante agradable. Pero lo que de verdad marca un antes y un después dentro de la etapa, y que marca totalmente la creatividad de la misma, es la historia de tres números de a continuación, una que es muy famosa por estos lares y que realmente me ha parecido de lo mejor que tiene por ofrecer.
Me refiero a la historia en la que Lobezno y Puck, a causa de un choque con la villana Lady Deathstrike (conocida en España como Dama Mortal) acaban viajando en el tiempo hasta la España de la Guerra Civil. ¿Y siendo completamente sincero? He flipado con estos números. No es sólo que me haya parecido una pasada la cantidad de momentazos que contienen estos cómics, que también, si no que me ha parecido brutal el poder ver representado en un cómic Marvel a mi propio país (aunque sea en uno de sus momentos más oscuros). Sencillamente, el poder ver representada mi cultura en un cómic de Lobezno ha sido una experiencia extremadamente agradable.
Aparte, y como os acabo de mencionar, también son unos cómics plagados de momentazos increíbles en los que Marc Silvestri como dibujante se luce que da gusto. Recuerdo sobre todo el combate de Lobezno contra un pelotón entero de nacionales, que me ha parecido una macarrada brutal y visualmente espectacular. Para mí, estos van a ser los cómics que seguro voy a recordar de esta etapa. Eso lo tengo clarísimo, vaya.
Tras estos números, la verdad es que la etapa de Hama y Silvestri me ha dejado con sentimientos encontrados. Porque a ver, es cierto que inmediatamente después de esto vemos otro giro radical de temática, con el enfrentamiento de Lobezno contra Albert, su propio duplicado robótico, y su compañera Elsie-Dee (la niña robótica diseñada para explotar). Un giro que en un inicio me pareció muy refrescante tras la temática más militar de principios de Siglo XX que vimos en el anterior arco argumental. El problema para mí es que la serie se queda muy estancada por culpa de esos dos nuevos personajes, pese a haber tenido un buen cierre en su primera aparición dentro de la serie.
Y es que básicamente, me da la sensación de que el guionista abusó mucho de estos dos personajes en demasiado poco tiempo. Que aparezcan en nueve episodios seguidos abarcando varios arcos argumentales me parece de traca; ¿nadie pensó que cansaría un montón ver a la cría aquella con sus diálogos insoportables durante tantos números seguidos y sin descanso? Y ojo, que lo más rescatable de este periodo de la etapa es la aparición de multitud de personajes de la franquicia mutante que hasta el momento no habían siquiera sido mencionados: Tormenta, Júbilo, Forja, Cable, Dientes de Sable. Son los únicos personajes -especialmente los dos últimos, en el arco que transcurre en las alcantarillas de Nueva York- que para mí levantaron el interés por esta etapa en este periodo claro de estancamiento.
Después de aquello, la serie atravesó por el típico periodo en el que publicaban dos cómics al mes del mismo personaje, similar a lo que ocurría con Spiderman durante esta misma época. Tebeos que, pese a tener algún dibujante y guionista sustituto, destacan bastante y se hacen bastante entretenido pese a ser en muchos casos fill-ins sin importancia a nivel de continuidad. De este periodo destaco, eso sí, dos historias: el combate a cuatro bandas entre Lobezno, Dientes de Sable, Dama Mortal y el monstruo de Canadá (que mencioné unas líneas más arriba), por el mismo equipo creativo habitual, y el episodio de Peter David y Larry Stroman (el excelente equipo creativo de Factor-X) en el que el protagonista se enfrenta a una suerte de criatura lovecraftiana en medio del mar.
Para cerrar ya este primer repaso al Lobezno de la década de los noventa, toca hablar del arco argumental que le da título: el Programa Shiva. Una saga que, con sus luces y sus sombras, he podido disfrutar bastante pese a tocar un tema que sinceramente (y más tras leerla) me parece bastante trillado y cansino: me refiero a los orígenes de Lobezno en Arma-X. Básicamente, en estos últimos números -que incluyen el especial double-size en el nº 50- tenemos todos los elementos que conforman la típica historia que trata sobre los delicados orígenes de Logan: flashbacks misteriosos y sin explicación, programas secretísimos del gobierno, operaciones encubiertas, investigaciones que no llegan a nada... Y lo peor: el recurso de los recuerdos implantados para justificar cualquier posible retcon.
Por una parte, no disfruto nada con este tipo de historias. Me parece que han quedado muy maltratadas por el paso del tiempo, que han quedado totalmente desfasadas y que realmente no tienen lugar en una buena historia del personaje. Pero por otra parte, la verdad es que me lo he pasado bien: en especial por la parte en la que Lobezno ataca frontalmente y debe enfrentarse contra el Programa Shiva, porque ciertamente ahí es dónde el dibujante más puede lucirse con espectaculares secuencias de acción contra el guardián del proyecto.
Igualmente, el hecho de que me lo haya pasado bien no quita que me haya parecido una de las peores líneas argumentales que he visto durante esta época de la franquicia mutante (quitando el esperpento que supone el X-Force de Rob Liefeld y Fabian Nicieza, eso sí). Espero que no vuelvan a remover este tema, porque la verdad es que cansa y mucho; son historias que nunca llevan a nada bueno.
Puntuación: 7/10
Quiero terminar este repaso por los primeros tiempos del Lobezno de Larry Hama y Marc Silvestri con una nota positiva. Y es que, quitando al Factor-X de Peter David de la ecuación (que realmente sí que es la mejor), este Wolverine me ha parecido la mejor etapa de todas las series mutantes de la época. No por tener las líneas argumentales más interesantes en sí, ni por ser la más imbricada dentro de la continuidad; si no por tener una cohesión tanto narrativa como sobretodo visual sólida como una roca. Y eso, en una época marcada por el baile de dibujantes (similar a lo que vemos en la Marvel y DC de hoy en día) me parece crucial a la hora de valorar una etapa. Ojalá más así.
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